DAR Y RECIBIR

Amada Selina

Amada Selina es maestra en Registros Akáshicos, canalizadora espiritual y escritora. Se licenció en Periodismo y posteriormente se formó en Sexología, Mediación Familiar y en varias terapias complementarias. Actualmente imparte cursos de formación, conferencias canalizadas y publica libros de temática espiritual.
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El equilibrio entre dar y recibir es algo difícil de lograr. Desde que el bebé empieza a saberse diferente o ajeno a su madre comienza un camino de independencia emocional que, a veces, le lleva toda la vida. ¿Dónde está la clave para darse a uno mismo y dar a los demás? ¿Dónde reside el misterio que nos permite recibir sin sentirnos incómodos o en deuda?
Al nacer dependemos totalmente de otras personas, la madre, el padre u otros que nos nutren y cuidan. Con los meses nos hacemos conscientes de que somos otro cuerpo distinto, que la madre es otra persona, otro lugar. ¿Habéis visto a un bebé “descubrir” sus pies o sus manos? La reacción es asombrosa y requiere un tiempo para que el cerebro pueda comprender este hecho maravilloso: es un ser diferente a otros, y es independiente. Durante los primeros años dependemos completamente de otros, es decir, recibimos. Cuando vamos creciendo aprendemos a dar. Ya sea un abrazo o un regalo, los niños empiezan a entregar a los padres o a otras personas lo que pueden, lo que tienen. Si pudiéramos volver a esos años sentiríamos la hermosa y gratificante sensación de aceptar si peros el amor y los cuidados que otros nos dan, así como la alegría interior cuando dábamos algo, por pequeño que fuera.

Imagen de klimkin

La vida sigue y pronto comprobamos que no siempre vamos a recibir, que esperamos cosas que no llegan, que cuando no llega lo que esperábamos sentimos frustración y rabia, y que terminamos exigiendo o manipulando al otro de maneras más o menos obvias. Por otra parte, el amor con el que dábamos nuestra sonrisa o una flor del campo que llevábamos a mamá tras un paseo empieza a diluirse bajo la expectativa de lo que otro nos entrega o nos devuelve. Me temo que es en esa fase donde comenzamos a volvernos dependientes emocionalmente.

¿Qué es dar? ¿Qué es recibir?

Y, ¿por qué nos cuesta recibir y aceptar un piropo, una invitación o un presente? ¿Qué pensamos de nosotros mismos que nos hace sentir que no somos merecedores? O, ¿qué pensamos de los demás que nos hacen sospechar de sus intenciones? Haz los deberes, yo solo tengo la misión de pensarlo en voz alta para seguir creciendo y compartirlo por si quieres crecer tú también. Vuelvo a las preguntas que me hago, y reflexiono. Hace poco me pusieron un ejemplo: vas a una cafetería y cuando llega tu café o tu té, viene acompañado de una galletita, ¡ole! ¡Qué alegría! Aunque no te la comas, pero queda muy bonita junto a tu taza. Vuelves al día siguiente y al pedir tu café ¡otra vez igual, galletita! ¡Madre mía, viva este local! Y, oye, que te “fideliza” y sigues yendo. Pero, de pronto, un día, pides tu café o tu té, y ¡oh, shit! ¿Y la galletita? ¡Qué nunca te la comías, pero te daba alegría ese detalle! ¿Y dónde está? Imagino tu cara: la buscas tras la taza, miras las otras mesas por si otros clientes tienen galleta y tú no, pero nada. Te frustras, te enfadas, y si eres una persona atrevida, le preguntas al camarero: “Oiga, ¿y la galletita que ponen siempre?” Y él, sonriente y profesional, como siempre, te dice que hoy no hay. ¿Cómo te sientes?

La galleta era un regalo, un acompañamiento, cortesía, pero no es una obligación. Claro, te has acostumbrado y ahora, la esperas, pero además, ¡la exiges! ¿Te ocurre algo así en tus relaciones personales?

Tal vez eres una persona muy bien educada, discreta, amiga del diálogo, y entonces no te quejas, no protestas, pero expresas tu disgusto de otra forma. Dejas de saludar al entrar, pides azucarillos al camarero, y luego servilletas, y te vas sin despedirte y sin dejar propina. Si expresas así tu disgusto tal vez eres una persona pasiva-agresiva. El camarero no adivina qué cuernos te pasa, pensará que tienes un mal día, porque es incapaz de imaginar que ni le saludas solo por la dichosa galleta, que además era gratis, ¡jolines, que es un regalo! Pero nunca lo sabrá, porque tú, una persona discreta, educada… o cobarde y exigente no aceptas que las personas dan lo que pueden y lo que quieren. Pues, por propia experiencia, cuanto antes aceptes esta realidad, mejor para ti y para todos.

Cuando te ofrecen algo o te regalan algo sin pedir nada a cambio piensas ¿por qué a mí? Y yo me pregunto, ¿cuál es tu nivel de autoestima, que no aceptas que alguien te dé algo sin esperar o pretender nada? O tal vez, tú sí regalas o piropeas o invitas cuando quieres algo, no sé, piénsalo a ver.

¿Cómo te sientes cuando te dicen algo bueno? Ante el halago, ¿qué sientes? ¿Qué piensas? Y, ¿cómo reaccionas? Un regalo nos alegra cuando somos niños y nos genera problemas cuando somos adultos, qué curioso. Pues volvamos a ser niños. ¿Qué hacías cuando te daban algo? Decías gracias (según el barrio) y lo disfrutabas, como si no hubiera nada más en el mundo. Y a veces, para equilibrar esa balanza, dabas un beso, un abrazo o incluso buscabas con la mirada algo que entregar a cambio para compensar. Así funciona el equilibrio, permitiéndose dar, permitiéndose recibir.

Hace tiempo vi un vídeo de no recuerdo quién en el que explicaba cómo mejorar nuestras relaciones. Recuerdo que el tipo del vídeo decía que en una pareja (aplíquese a otro tipo de relaciones) una persona da, entrega, y la otra puede recibirlo, rechazarlo, y después, quedárselo sin más, o dar algo al otro. Vayamos por partes.

1.- Si recibes disfrutando, ¿imaginas la alegría del otro? La otra persona se alegra profundamente de que “su regalo” te guste, sea lo que sea. La persona que regala se siente ver al ver tu disfrute, tu alegría, ¡le hace feliz verte bien! ¡Es increíble! Pero es que cuando alguien te quiere, le encanta verte feliz, al menos en mi barrio.

2.- Si al recibirlo, bajas la mirada, te sientes incómodo o incómoda, si lo rechazas abiertamente, se produce un corte entre los dos. La energía de entrega que iba hacia ti se frena en seco, por lo que sea, tú tendrás tus motivos. De hecho, rechazar un regalo se interpreta socialmente como el rechazo a la persona que lo da y a cualquiera de sus propuestas o intenciones. Por eso, cuando no te gusta una persona o no quieres continuar una relación, rechazas lo que te dé.

3.- Imagina que tomas lo que te dan, ya sea afecto, tiempo, unas flores o chocolate, ummmm. ¿Te lo quedas y ya está? ¿Lo disfrutas para ti y se acabó? Efectivamente, no tienes obligación de “devolver” o pagar nada, así es. ¡Disfruta! Pero imagino que, si esta situación se produce un día, otro día, y así cincuenta veces, y tú solo sonríes y lo aceptas, ¿no se produce un desequilibrio? Solo lo pregunto, eh, no lo sé. Pero, si tú siempre tomas y el otro siempre da se genera una deuda, un cansancio que suele terminar con la retirada de uno de los dos. O el otro se cansa de darte sin recibir nunca, o tú te sientes mal por recibir siempre y no dar nada. Esto ocurre a veces con las personas que dan mucho, pero mucho, o que siempre hacen regalos caros, ya que la mayoría de la gente nos sentimos incómodos si no “llegamos” al mismo nivel. La primera vez no importa, pero tras unos años la relación se resiente.

4.- Por último, puede ocurrir que aprecies tus regalos y los disfrutes, ¡bien por ti! Pero que, llevado por un deseo profundo de agradecer, ojo, agradecer, no compensar o pagar, que no es lo mismo, ¡tienes un gesto de cariño! Tu gesto de agradecimiento equilibra la balanza de modo inconsciente, y a la vez, vuelve a desequilibrarla, porque el otro, pareja, amigo o compañero, que te aprecia mucho, vuelve a darte un poco más. ¿Ves lo que ocurre? El ciclo comienza de nuevo, y entonces tú le invitas. Otro día él/ella te da una sorpresa. Entonces tú le haces una tarta, y él o ella te envía un mensaje expresándote cuánto le importas. Y así, ad infinitum.

Imagen de Pezibear 

Bueno, gente, esto son teorías, lo vi en YouTube y lo pensé. ¿Será tan sencillo cuidar las relaciones? ¿Consistirá en saber recibir sin miedos, sin huida y sin peajes? Cuando quieres a alguien, ¿no te apetece tener mil detalles con las personas que amas? ¿Lo haces con amor o porque quieres obtener algo? Anímate, siéntelo desde el corazón y crece. ¡Uno más para el Club de los Sintientes, oh yeahhhh!

Hala, ya tienes deberes para esta semana.

A veces queremos tomar solo una parte. Entonces intentamos cambiar al otro. Aceptamos lo que nos gusta de nuestros padres, pero rechazamos muchas cosas, aunque aceptarlos por completo nos hace sanos y grandes, pues al rechazar algo de los padres, en el fondo estamos rechazándolo en nosotros mismos, pues venimos de ellos. A veces apartamos a uno de los dos, pero claro, somos un cincuenta por ciento de cada uno, así que imagina las consecuencias. Ojo, aceptar a los padres como son no significa ni que sean perfectos ni que todo lo hagan bien, sino que venimos de ellos y les debemos honra y respeto. Y en los amigos o la pareja, ¿cómo no aceptar al otro como es completamente? Recuerda que la otra persona también te acepta a ti como eres, con todo. Recuerdo una compañera de trabajo que decía: “Cuando mi marido sale con la moto, me quedo con el alma en vilo… pero, claro, yo lo conocí con moto”. ¡Me encantó cómo lo dijo! Primero, porque conocemos a la gente como nos llega, con todo el lote, y somos libres de quedarnos ahí o de irnos, totalmente libres, no hay obligaciones de amar a nadie. Segundo, querer cambiar a las otras personas es una falta de respeto, sobre todo si la persona ya era así al comienzo de la relación contigo. Y tercero, ¿tú eres perfecta o perfecto? ¡Qué suerte! No lo sabía. Pero si no eres la perfección personificada, recuerda que seguramente tienes aspectos mejorables y haces cosas que a la otra persona no le agradan. Se puede negociar, pero no se puede exigir.

Me encanta un cuentecillo que oí una vez. Una mujer buscaba al hombre perfecto, y tras mucho buscar, ¡lo encontró! Pero estaba casado con la mujer perfecta, ja, ja, ja.

Yo, por mi parte, voy a revisar en mí las verdaderas intenciones con las que hago un regalo. Tengo que observar si realmente me sienta bien lo que otros me ofrecen o me entregan. Tengo que mirar también cuáles de mis palabras y de mis actos nacen realmente de mi corazón. Pero soy, valiente, me gusta mirarme al espejo sin maquillaje y sincerarme. Me gusta “regalarme” verdades y tirar las pequeñas mentiras que me cuento sobre mí, me encanta desechar las excusas y los “peros”. Es duro, claro, pero no se forma el hierro entre algodones.

 

 

 

11 Comentarios

  1. Enriqueta t Fernández Dorta

    Algo muy cierto,a mí me costó mucho recibir pero al fin abro los brazos y lo acojo con mucho amor.gracias Amada por todo

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  2. Débora

    Es sumamente interesante Amada, gracias siempre!

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  3. Sandra

    Me ha encantado Mae. Mucha tela que cortar! Aun siento mis dudas cuando doy o voy a dar… me importa si me usan? Como saberlo? O basta hacer el bien y no mirar a quien? Y si me incluyo y no le “doy” a los que siento que abusan? 😵‍💫 por Dios! Que arroz 🍚 con mango 🥭

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  4. Empar

    Un articulo xapó para el dia de hoy . Dar recibir …si Todo Depende del grado de Amor de cada un@, y de muchos factores personales ☺️però en definitiva tanto si Das como si recibes és de agradecer.un beso Amada❤️🙏

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  5. Amorina

    Hermoso, Amada! Escucharte o leerte (en este caso) me potencia y hace reflexionar muchísimo.
    Amaría un día compartir una charla en vivo contigo.
    Gracias por toda la energía que nos irradias.
    Abrazo grande.

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  6. Carmen

    Sensacional reflexión.
    Dar y recibir es un ejercicio que realizamos a diario y que no siempre lo hacemos en equilibrio..
    Dónde está el límite de dar y donde el de recibir??

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  7. Lissette herrera

    Gracias amada que hermoso y que tarea mas desafiante. Un abrazo 🙏

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  8. Ana

    Mi querida y amada AMADA…
    No me canso de darte las gracias, o de dar las gracias al Universo por haberte puesro en el camino, o a la vida, o a… YouTube!, que fue el medio por el que te descubrí!
    Tu alumna, Ann King 💙😊💙

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  9. Beatriz Urbina

    Muy atinadas tus observaciones Amada

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    • Nhora Vargas

      Me encanta la forma como Amada narra , como expresa cada detalle lo puedo visualizar….me gustó mucho la frase o dicho ” el hierro no se forja entre algodones”

      Que buen texto , como todos

      Mil gracias Amada.

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  10. Asun

    Que intenso! Como me cuesta aprender a recibir.. Y leyendote, creo que a dar también.
    Gracias Amada, un gran artículo👏👏
    Besos y abrazote!
    Como siempre, estas en mi ❤️

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