Tony de Mello escribió miles de cuentos de temática espiritual en sus libros. En uno de ellos cuenta que un maestro era criticado por uno de sus discípulos por estar muy metido en política, a lo que el maestro respondió: No sabes nada de espiritualidad… ni de política. A veces valoramos que ciertos temas no son espirituales, como la política, la sexualidad o el dinero, ¿pero cómo puede algo humano no ser espiritual?
Como canalizadora espiritual me interesa saber qué opinan los maestros y guías de la humanidad sobre los políticos que nos gobiernan en este momento y esto es lo que he recibido:
Todos los que os gobiernan son iguales a vosotros, es decir, son humanos. Tienen miedo, ambición, enfermedad, oscuridad, y, por supuesto, luz. Pero esa luz se les va apagando cuando dejan que lo material o el poder vayan ocupando cada vez más sitio en sus vidas. Por eso, en general, quien gobierna y se mantiene mucho tiempo acaba corrompiéndose, si no era corrupto antes de vivir del poder.
Por eso, vuestra tarea ante los políticos es observar con neutralidad qué hacen bien y qué hacen mal. En todos los países hay siempre personas luminosas y personas oscuras, pero os corresponde a vosotros vislumbrarlo y actuar en consecuencia. ¿Por qué el pueblo elegiría a alguien poco honesto? O no lo sabe o se beneficia de ello. Si no lo sabe, ¿por qué no os paráis a observar? ¿O por qué no queréis ver? Y si lo veis y esperáis que os beneficien personas y equipos poco limpios, ¿qué dice eso de vosotros?
Cada país tiene una vibración, una línea energética clara. Pero, ¿la conocéis? ¿No sabéis cómo podéis verla? Se ve en la corrupción de sus políticos, pero también de sus empresarios y en sus trabajadores. Se ve en el comportamiento de la calle, de sus gentes, en lo grande y también en las cosas pequeñas. Y si el pueblo, que es la masa, es temeroso, ingenuo, infantil, manipulable… aparecerán las personas, grupos y situaciones que resuenen con eso. ¿No queréis corrupción? No lo seáis vosotros. ¿Queréis trabajos dignos? Amad el trabajo y trabajad con dignidad y respeto hacia la empresa, los jefes y los clientes.
¿Queréis que se gasten correctamente vuestros impuestos? Os preguntamos, ¿cómo gastáis en casa? ¿En lo que importa o en lo superfluo? Cuanta más superficialidad en el pueblo más superficialidad en sus gobernantes. Puede pareceros que es al revés, pero primero está la calle, el pueblo, y luego el poder. Entonces sí, este aparece e influye con su energía en los de abajo. Si los que mandan son corruptos, ambiciosos, tramposos y nunca salen condenados, ¿para qué vamos nosotros a respetar las normas? -pensáis. Y entonces el círculo se completa.
No culpéis a los de fuera, eso solo refleja lo de dentro. Si queréis libraros de algo tenéis que uniros, y ¿estáis unidos o separados? Eso es lo que todos los gobiernos del mundo quieren: un pueblo separado y peleado entre sí es un pueblo débil. Entretenidos en las luchas diarias de las calles en las que vivís no oponéis resistencia a las grandes decisiones, a las leyes, a las injusticias. Si estáis distraídos no estáis preparados para la lucha. Si no conocéis lo que ocurre no podéis responder. Por eso todos los gobiernos fomentan las grandes distracciones: tecnología para el ocio, programas de entretenimiento vacíos de contenido cultural, mala noticias, emociones densas, ocultamiento, distracción… Es el “pan y circo” (siglo I d.C.). Pero ¿quién es el responsable? El alma humana y su punto de evolución.
No os distraigáis. No dejéis que los entretenimientos creados y programados para que no penséis os impidan tener criterio propio. No dejéis de hablar de ello, de investigar y comparar sistemas. Si en otro lugar están mejor que en vuestro país es que se puede lograr, pero ¿cómo es la base de ese país? Asemejaos a ellos para tener gobiernos, leyes y estructuras como los suyas.
A veces, el que más rompe las normas es el que más os despierta y os agita. No os durmáis. No os abandonéis a la idea de que no hay nada que hacer. Todo es posible, pero si calláis y no lucháis ganan la corrupción, la ambición, el abuso de poder y el expolio. ¿No queréis que os roben? No os dejéis. ¿No queréis que os manejen y os engañen? ¿Quién dedica su tiempo a distraerse de su propia realidad y de la de su país? La televisión os aleja del pensamiento crítico. Las redes sociales os apartan del conocimiento. La crítica sin movimiento os mete en la rabia y en la impotencia; os impide meditar, tomar decisiones y actuar. ¿Queréis cambiar? Hacedlo. Conoced vuestro país, vuestra cultura y vuestras leyes. Conoced el tejido empresarial, el porcentaje de cargos vacíos que sangran vuestras arcas, las profesiones inútiles, el tipo de delincuencia que os rodea… Quiénes son vuestros vecinos, cómo son las economías de los países colindantes, cuáles son vuestros pensamientos y vuestros conocimientos sobre política, sociología y economía. ¡Qué nadie pueda manejaros! Y eso es posible, pero está en vuestra mano.
Un erudito no votará a un ignorante, pero un ignorante no votará a un erudito.
Meditad, decidid y haced. Estamos con vosotros. Es el momento.
Vuestros guías de luz blanca.


