Mucha gente desea adquirir el libro, o al menos, saber algo más sobre el texto y sobre mi. Para eso es una presentación, ¿verdad?. Recuerda que puedes hacerme preguntas sobre la edición de este ensayo. Sin embargo, yo no soy sólo una autora novel, sino que me gusta compartir una capacidad que todos tenemos: canalizar mensajes de la Luz. Es decir, como afirmo en el libro, todos podemos percibir el Amor y los mensajes de nuestros Guías, Maestros y seres queridos fallecidos.
Para los curiosos, los creyentes y los escépticos es, cuando menos, algo curioso. Asistir a una canalización en vivo es una oportunidad única de recibir la energía amorosa y los sabios consejos de nuestra Fuente. ¿Te animas?
Ven a la presentación-coloquio-canalización y recibirás un regalo único.
En la era de la imagen y las comunicaciones a distancia, la foto que escogemos para algo es importante, porque muestra, en parte, quienes somos.
Si soy terapeuta, Coach y canalizadora, ¿qué imagen puede mostrar esto al primer vistazo?
No es sencillo elegir una buena imagen que nos defina porque el ser humano no cabe en una foto. Si te pones muy guapa, pareces demasiado artificial. Si vas sin maquillar parecerás vulgar o descuidada. En el caso de que otra persona se encargue de tu imagen, será la visión de otro, y no la tuya, lo que muestre tu foto. Y para colmo, esa imagen en la que tú te ves bien, no gusta a otros, ¿qué hacer?
En el caso de que tu ego sea grande, te verás maravilloso en muchas fotos y te encantará cambiarlas diariamente. Es una forma de reconocimiento. Al publicar muchas fotos tuyas estás diciendo: "Ese soy yo, y me gusto", más o menos.
Si huyes de mostrarte, ¿es sólo por tus complejos? Acaso, ¿te comparas con los demás? ¿Deseas parecerte a gente con la que no tienes nada que ver? Y realmente, ¿qué quieres comunicar cuando publicas una imagen tuya?
La imagen ideal es aquella que te define, que te describe. Ves la foto y dices: "Esta es Fulanita", y captas su esencia. La imagen debería mostrar si eres una persona generosa o tacaña, sencilla o sofisticada, vulgar o refinada, dulce o camorrista... tus imágenes, ¿qué muestran? Todos tenemos muchas facetas, pero ¿cuál es la que quieres mostrar en tu perfil? ¿O en las redes? ¿O en tu día a día?
Pensé mucho sobre todo ello cuando me solicitaron una foto para la solapa del libro. No soy muy dada a ir colgando mis fotos por ahí, por lo que no era sencillo mostrarme abiertamente y llegar a miles de hogares. Tuve que aceptar que la imagen es importante en mi trabajo. Y que mi imagen puede atraer o alejar a los demás. ¿Es tan importante? ¿Qué opinas cuando ves la foto de alguien? Imagínate que esa persona trabaja en el terreno espiritual, ¿juzgarías igual su imagen? Me temo que no. En algunas profesiones, se suponen ciertas cualidades, y casi se exigen las 24 horas del día. Sin embargo, todos somos humanos, es decir, todos podemos tener ego, timidez, soberbia, miedo, envidia, inseguridad... Pues bien, me gustaría que mis fotos mostrasen justamente eso. Me gustaría que al ver mi imagen se intuyera: "Esta es una persona normal, que trabaja para la Luz lo mejor que puede". ¿Qué foto sería esta?
Mis editores ignoran que todo esto debe quedar plasmado en una pequeña imagen. No comprenden que para mi no es importante "estar guapa", sino que deseo, antes que nada, que mi imagen diga: "Hey, puedes ser feliz porque eres Energía, yo te ayudo". Me temo que no es fácil de transmitir en una foto. Y aunque me recomienden otras más "comerciales", no quiero parecer, como otros autores, prepotente, fría, intelectual, inaccesible... Me refiero a este tipo de poses forzadas de la cabeza sobre la mano, la expresión seria, la mirada desafiante o perdida, el blanco y negro dramáticos del cine, un contraluz retocado... Creo que me entendéis. Todo el photoshop no vale de nada cuando te encuentras cara a cara con la gente. Espero que cuando nos veamos en persona no os deis la vuelta diciendo: "Uy, si parece otra". Al contrario, ojalá me digáis: "Te he reconocido por la foto", ya que quiero que mi imagen sea yo, no lo que otros esperan de mi.
Cuida tu imagen porque eso eres tú, pero no alimentes el ego del espejo. Si lo alimentas crecerá y crecerá, como quien tiene un pequeño tigre salvaje y le da de comer. ¿Quieres eso para ti? ¿Vas a alimentar a tu ego? ¿O vas a alimentar tu Alma, que no sale en las fotos? ¿O sí?
Aunque sigo haciendo terapias y Coaching, puedo ayudar mucho más a otros cuando conecto con sus Maestros Espirituales y sus Guías. Entonces recibo lo que ellos quieren que sepamos: eso es canalizar.
Todo el mundo puede recibir información, soluciones y ayuda de los Guías de su Alma. Repito, todos podemos. Simplemente, si no sabes cómo hacerlo, infórmate, fórmate, practica... Lo que conocemos como "canales" o "canalizadores" son personas normales y corrientes, iguales a ti, que han desarrollado esta capacidad. Así de sencillo.
Algunas de estas personas tienen esta capacidad o don desde el nacimiento. Otras, a pesar de ser capaces de oir su voz interior, no lo desarrollan hasta más adelante. En cualquiera de los casos, es un arte que se aprende, ya que todos los seres humanos traemos de serie el equipo necesario para contactar con entidades superiores.
¿A qué me refiero con "entidades"?
Se trata de "energías" que tienen múltiples formas: Maestros, Guías, Angeles, Arcángeles, Seres queridos ya fallecidos, Yo superior, Guardianes del Registro Akáshico... y otras muchas. Hay miles (o más) sin embargo, lo importante no es cómo se llaman, ni quienes son. No hace falta que creas en ellos. Simpelmente, la Energía, en cualquiera de sus formas, está ahí para ayudarte a ser feliz. Eso es todo.
Si eres creyente, supongo que crees que Dios te creó. Si te creó y te ama, ¿cómo no va a ayudarte?
Si no crees en nada no importa. Igualmente, existen miles de entidades de energía positiva (Luz) que están a tu servicio. Sólo tienes que pedirles ayuda.
Los canales ayudamos a otras personas a escuchar estos consejos. Nosotros percibimos mediante diferentes sentidos lo que la Fuente creadora y todos sus ayudantes desean comunicarte. Y también formamos a las personas para que puedan conectar, sin intermediarios, con su Dios, sus Guías, su Yo Superior, o con quien deseen (del lado bueno, claro). Es un arte, y como todo arte, se aprende.
Mucha gente teme la espiritualidad porque "si existe lo bueno, existe lo malo". Es cierto. Si hay luz, también hay oscuridad. Pero si tú llamas a la puerta de la Luz, ¿quién va a abrirte? Existen ejercicios muy sencillos para que sepas a qué puerta estás llamando. Es decir, igual que existen oraciones para el Padre o la la Madre María, o para nuestros ancestros, hay oraciones para llamar a las entidades del otro lado. ¿Cuáles vas a utilizar tú? Por ejemplo, si rezas un Padrenuestro, ¿quién crees que va a escucharte?
Cuando piensas y vives desde el Amor y la Luz que hay en ti, ninguna energía de baja vibración (es decir, negativa o mala) va a acercarse, simplemente, ¡porque no puede! Cuanto más amas, menos dolor hay en tu vida: menos odio, menos miedo, menos sufrimiento. ¿Comprendes? El mal existe, pero no se combate con el hierro sino con la Luz. Trabaja y vive con Amor y sólo el Amor vendrá a tu vida, porque todo lo negativo que te llegue no se sentirá bien, y tendrá que irse. Es como un invitado no deseado. Si tú amas al miedo, el miedo se irá. Si amas a los celos, los celos se irán. Ya lo decía San Agustín: Ama y haz lo que quieras.
Cuanto más amor haya en tu corazón, más fácil te será escuchar los mensajes de tu Alma, puesto que ella está hecha de Luz y procede de la Fuente creadora. Para canalizar, piensa bien, actúa bien, no juzgues, no critiques, sé generoso... poco a poco el canal que ya eres recibirá el Amor que la Luz le tiene. Es una experiencia indescriptible, por eso no voy a describirla. Te invito a probarlo en tu propia vida.
Lee canalizaciones de otras personas, medita y ama. Obtendrás resultados. Garantizado.
Hace varios meses comencé este libro con el deseo de ayudar a los demás a ver su propia Luz. El camino ha estado lleno de sorpresas, inquietud, curiosidad, errores y alegría. Escribir puede parecer fácil, y, en cierto modo lo es. Pero estructurar 200 páginas sobre lo espiritual, y hacer un texto cercano y atractivo no es tarea sencilla.
Después de haber escrito unas 350 páginas me di cuenta de que eran demasiadas. También comprendí que estos temas son nuevos para mucha gente. Creo que leer veinticinco capítulos que pueden volver del revés las ideas de uno no es cómodo ni agradable. La espiritualidad ha de ser sencilla, cómoda, delicada, y los conceptos más modernos desarman (o ponen en duda) los pensamientos más arraigados en nosotros. Por este motivo eliminé todo aquello que se centraba en la muerte y en la vida después de la muerte, dejando los 16 capítulos actuales. Tal vez esas páginas sean para otro libro.
Además de escribir y estructurar los temas en capítulos coherentes, hay que repasar una y otra vez la ortografía, la gramática y el estilo. Ser periodista no hace que esta labor sea un camino de rosas, pues incluso las normas que aprendí hace veinte años ahora ya no sirven. Imagínate repasar un libro bajo una ortografía que hace unos años era muy distinta.
Cuando tuve el texto, luché contra varias cosas:
La vergüenza: Dárselo a alguien para que lo lea y vea los fallos. Esto es duro, no creáis.
El ego, que me decía: "¡He escrito un libro, he escrito un libro! Soy guay. He escrito un libro!"
El miedo: ¿Y si está mal escrito? ¿Y si no se entiende? ¿Gustará? ¿Los venderé? ¿Y si es un éxito?
Las dudas. ¿Qué letra? ¿Qué tamaño? ¿Qué cubierta? ¿Qué pongo en la sinopsis? ¿Y... cuántos?
El insomnio...Un libro, dos libros... trescientos libros, trescientos uno... tres mil libros...
Estas y otras emociones acompañaron estos meses mi trabajo de ordenador, repaso, llamadas, contratos editoriales, etc. Por fin llegó el momento, y quiso el destino que el día en que llegaba "el niño", yo estuviera en otra ciudad. Al igual que la mamá de Gila, yo no quería que mi niño naciera sin que yo estuviera en casa, así que el repartidor tuvo que volver al día siguiente. Y por fin llegó a mis manos el fruto de tanto trabajo. Con su cubierta azul, tan delicada, tan bonita; con sus fallitos, su belleza, sus mensajes... con todo el amor que yo le puse desde que mi mente concibió la idea.
Ahora toca "enseñar al niño", como hace todo el mundo. Así que pronto realizaré presentaciones con firma del esperado "Somos Luz ¡Descúbrelo!". En cada presentación haré una canalización de los Seres de Luz que quieran comunicarse a través de mi. Ellos tendrán su hueco en cada presentación. En este libro han "hablado" poco, así que, tal vez, mi segundo libro sea suyo por entero. Si ellos quieren, yo estoy a su servicio. Yo, su pequeño canal, su humilde servidora, su más fiel esclava.
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