¿Recuerdas esa etapa en tu infancia en la que te pasabas el día preguntando “¿por qué?”? Yo sí la recuerdo, ja, ja, ja. A los padres no les hacía ninguna gracia, pero preguntar es la única manera de obtener respuestas. Tal vez desde niña ya apuntaba maneras.
Luego, en el colegio, el instituto y la universidad, seguí siendo una de las preguntonas de la clase. ¿Por qué? Porque quien no pregunta no aprende, y si no aprende, no evoluciona. Así que ¡que vivan las preguntas! Pero, ¿cuáles?
Tal vez sepas que me licencié en Periodismo, aunque apenas trabajé en ello —solo unas prácticas y una colaboración en radio—. Allí aprendí algunas cosas importantes, pero el arte de no hacer preguntas estúpidas y el de hacer las preguntas adecuadas lo aprendí mucho después.
En un curso de “Habilidades para la relación de ayuda”, el profesor vio en mí una gran capacidad para entender el mundo del otro, para empatizar. En ese curso se aprendía a escuchar a alguien que está sufriendo y, sobre todo, a no cotillear ni investigar sobre lo ocurrido. Al contrario, nos enseñaron a entender a la persona por encima de todas las cosas, que es la base de lo que yo enseño ahora en el curso de escucha. Creo sinceramente que tanto saber escuchar como saber responder pueden mejorar tu vida. Ahora mismo.
¿Cuánto te molesta que te hagan preguntas impertinentes cuando estás contando algo muy importante para ti? Por ejemplo, si estás mal porque se ha roto tu relación de pareja, ¿cuánto te ayuda que te pregunten el motivo, cómo habéis quedado o qué vas a hacer? Escuchar es eso, simplemente prestar oídos, atender al otro. No hacen falta muchas preguntas.
¿QUÉ ES EL COACHING?
El arte de preguntar es como muchos definen el coaching. Hace casi veinte años que me formé como coach personal, ejecutivo y empresarial —título largo, lo sé, pero es así—. Desde el primer día supe que encajaba en esta profesión y que me serviría para mucho más de lo que podía parecer en aquel momento. Y así fue. No solo he llevado algunos procesos de coaching, sino que he aprendido a desarrollar las mejores preguntas posibles para obtener grandes resultados en el menor tiempo posible.
Pero no se triunfa sin coherencia, así que yo me hago una sesión de coaching a mí misma cada semana. Sí, yo a mí, cada semana o cada dos como máximo.
¿De dónde viene este palabro y por qué no lo hemos traducido? “Coach” en inglés es “entrenador”. Pero en español puede sonar a algo relacionado solo con el físico, el ejercicio o el deporte. Aplicado a la vida en general, un coach es ese amigo sincero, realista, que te ayuda a ponerte metas y a alcanzarlas.
Aunque el coaching nació hacia los años 80 y sigue de moda, no es terapia, no sustituye a un psicólogo y no todo el que ostenta el título de coach es bueno en ello. A pesar de ser procesos limitados en el tiempo, no suelen ser baratos y, como sabes si me sigues, siempre tengo en cuenta a las personas con más dificultades económicas.
¿Qué se me ocurrió? Enseñarte a hacer las preguntas necesarias, las poderosas y las más motivadoras para mejorar tu autoestima y seguir creciendo. Te pongo un ejemplo.
Imagina que te propones dedicarte a las terapias, pero no tienes suficiente seguridad aún. Puedes pagar diez cursos de esos de “hazte rico con tu don”, pero si no eres bueno en eso ni crees en ti, no servirán de nada.

PREGUNTAS QUE AYUDAN
La honestidad está al servicio del éxito, así que yo te preguntaría:
¿De dónde nace tu proyecto de vivir de las terapias?
¿Es una idea tuya o de otros?
¿Tienes la formación necesaria y suficiente para comenzar o continuar tu carrera de terapeuta? Si la tienes, ¿qué te asusta? Si no la tienes, ¿es ético realizar un trabajo para el que no tienes cualificación ni experiencia?
De eso que te detiene, ¿por dónde puedes empezar a eliminar obstáculos?
¿Y cuál es la imagen de ti que tienes dentro de un tiempo? Es importante que puedas medir cuándo lo has logrado, ¿cuál será la señal de que lo has conseguido?
Y así hasta profundizar en las razones que te han llevado a tener ese proyecto y las creencias que te limitan, para poder ayudarte a eliminarlas.
Ojo, tu coach, por bueno que sea, no hace magia. Un coach debe enseñarte a ser realista, a decirte la verdad, a tomar medidas, a marcar tiempos y límites y, sobre todo, a ser coherente con tus creencias, pensamientos, energía personal y situación en el presente. ¿Cuántas veces alguien ha tenido en cuenta tu edad, tu familia, tu estado de salud, tus principios, etc., para ayudarte?
Esa es la diferencia entre un buen entrenador y cualquier otra cosa.
Por eso he pensado en enseñarte la forma de pensar de un coach profesional. Imagina que lo eres y reúnete contigo una vez en semana, aunque sea media hora. Hazte una sesión —algo como lo que acabas de leer— y termina siempre con un propósito pequeño y realista, ¡y con unas palabras de ánimo! Como harían tus guías espirituales, como haría un profesional.
¿Crees que notarás algún cambio en ti? ¿Imaginas lo que puedes lograr si te haces las preguntas correctas? Yo sí.
COACHING ESPIRITUAL
Si desarrollas la capacidad de hacer buenas consultas y aprendes a indagar podrías utilizarlo también con tus propios Guías. Incluso las personas que mejor canalizan la voz de los seres de luz dudan, a veces, de qué preguntas hacer. Ellos responden siempre a lo que les consultamos pero hay grandes diferencias en las respuestas según lo que preguntes. No es lo mismo preguntar se "debes" hacer algo que consultar "qué paso te recomiendan" o "qué actitud te ayuda a mejorar tu situación". ¿No sabes cómo obtener mensajes más útiles? Piensa en lo que realmente quieres consultar, abre tu mente y haz preguntas abiertas que te den la máxima información posible. Y sobre todo indaga en lo que está en tus manos, no en lo que depende de otros, del tiempo, del destino... Así siempre tendrás opciones a tu alcance.
Si no sabes por dónde empezar pide a tus guías que hagan lo que mejor se les da, el coaching espiritual; es decir, apoyarte para que logres lo que tu alma vino a hacer.
Termino con una pregunta que te devuelve la responsabilidad: ¿A qué esperas?



