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VIDAS PASADAS

VIDAS PASADAS

¿Existen las vidas pasadas? ¿Cómo se puede comprobar? ¿Qué utilidad tiene saber algo de una vida anterior?

Mi experiencia de cientos de lecturas de Registros Akáshicos me confirma que tenemos vidas anteriores a esta. Lo afirmo por los cientos de ejemplos reales en los que una situación de una vida anterior es clavada o casi clavada a una situación en el presente. ¿Cómo puede ser? Si accedemos al Registro de una persona y describimos algo que pasó y que le afecta en la actualidad y al conocerlo algo se libera, ¡ya hemos ganado mucho! Pero ¿por qué se repiten situaciones exactamente iguales o muy semejantes? Lo he consultado con los Guías y Maestros y lo que sentí es que las situaciones se repiten para superarlas.

Pondré ejemplos:

A. Una mujer que pierde a su gran amor y cae en la locura en una vida anterior pierde a su pareja también en la vida actual para aprender a sobrevivir sin su amado. El sentido no es que el alma sufra de nuevo, si no que aumente su nivel de conciencia y pueda vivir lo más feliz posible a pesar de la pérdida. Ese es su aprendizaje.

B. Alguien que robó en una vida pasada tiene ahora la oportunidad de robar. La situación se repite, pero si es más consciente, por atractiva que sea la propuesta, no robará. Si no roba habrá “aprobado” esa asignatura, habrá comprendido que no es correcto robar, entenderá mejor el papel de la víctima y que el robo (abuso, extorsión, chantaje, etc.) no son las formas adecuadas para obtener bienes o riquezas. Si vuelve a quedarse con lo que no es suyo acumulará problemas en su vida presente o en las futuras.

C. Quien cometió torturas en vidas anteriores puede sufrir ahora de enfermedades paralizantes, limitantes, largas y con mucho dolor. ¿Cuál es el objetivo? Comprender el dolor, perdonarse a sí mismo por los errores cometidos y el daño hecho, aceptar la situación y tratar de vencer la enfermedad con paciencia. A la persona que lo sufre en la actualidad puede parecerle injusto sufrir tanto, pero su alma sabe que si no lo pasa en su cuerpo no lo entenderá y podría volver a repetirlo.

No todo lo que nos ocurre tiene su origen en el pasado.

No todo lo que nos pasa procede de nuestra infancia, ni de la posición de los astros el día de nuestro nacimiento, ni de los errores cometidos por nuestros ancestros. Somos el resultado del pasado, sí, pero de todos los pasados: la parte consciente y la parte inconsciente y desconocida. ¿Por qué nos ayudaría, entonces, conocer las existencias anteriores que nos están limitando? Porque solo con saberlo entenderíamos muchas cosas y podríamos tener calma, aceptación y fe.
La lista de ejemplos es interminable y nos explica enfermedades, ruina económica, falta de fe, problemas en las relaciones, tendencia a la depresión, fobias (a objetos, lugares, situaciones), alergias, etc. Pero las vidas pasadas también pueden explicar nuestras filias, es decir, nuestra atracción por ciertas personalidades, por ciertos lugares, objetos, comidas, prácticas, etc. ¿Qué podemos sacar de este conocimiento? Podríamos entender porqué tenemos vocación de ayuda (vidas de médicos, misioneros, proveedores), por qué nos encanta bailar o cantar (en una vida anterior nos permitió sobrevivir, nos hizo conocer a nuestra alma gemela, nos dio independencia económica) o porqué nos atraen ciertos lugares (fuimos muy felices en ciertos sitios, por ejemplo).

Te preguntarás, ¿es tan sencillo? Mucha gente no cree en la reencarnación, es comprensible, y muchas personas creen en ella, pero rechazan el peso que el pasado pueda tener en nuestro presente. Pero si hoy publico esto es porque me consta que muchas personas de nuestra vida actual no son nuevas en nuestra existencia. Ya hemos estado en los lugares en los que vivimos actualmente o por los que sentimos una atracción (o un rechazo) obsesivos. Odiamos o amamos el dinero, las joyas, la riqueza sin saber por qué, ya al entrar al Registro y consultar a veces podemos conocer la causa. Insisto, no todo procede de vidas anteriores, pero los aspectos más relevantes de nuestra personalidad o nuestra vocación pueden tener su origen en tiempos remotos. Nuestros mayores temores (perder a un hijo, quedarse sin nada, morir a solas, tener una larga enfermedad, ser abandonado, etc.) y nuestras mejores habilidades y capacidades (ver el futuro, ayudar a otros, hacer dinero, hablar en público, vender productos, aconsejar a otros, etc.) pueden tener su base en experiencias vividas por nuestra alma en siglos pasados. Por eso, conocer esta información puede ayudarnos a entender el presente y a resolver problemas o circunstancias en el presente.

¿Es necesario saber esto? No, en absoluto, pero ayuda mucho.

¿Todo el mundo puede acceder a esa información? Como maestra y lectora de Registros Akáshicos afirmo rotundamente que sí. Cada vez más personas pueden acceder al Akasha (la dimensión energética que guarda toda la información del universo) por la vibración actual de la Tierra y por el aumento de consciencia de los seres humanos en el momento actual (aunque a veces no lo parezca, gente, lo sé).

¿Cómo nos ayuda conocer el pasado? A veces solo con saber algo se rompe el nexo que une el presente con la experiencia del pasado y ya no se repite la misma situación. Sí, lo repito, solo con saber algo hay situaciones que se limpian, se liberan y mejoran. Otras veces nos sirven para evitar cometer el mismo error o para tomar otra decisión más adecuada. Por ejemplo: alguien que en tiempos pasados se casó por conveniencia y fue muy infeliz. Al conocer este hecho la persona decide conscientemente que no volverá a hacerlo en la vida actual, ¡ole, ole y ole!

¿Cómo se perciben las vidas anteriores? Cada persona es única y tiene una forma personal de recibir esa información: imágenes, palabras, sensaciones, sueños… La mayoría de mis alumnos afirman que sienten o ven una escena “del pasado”. El protagonista puede tener otro aspecto (ser del sexo contrario, vestir un tipo de ropa particular, mostrar su clase social, el lugar donde vive, el país o la época exacta) pero nos muestra lo que ocurrió para que podamos entender qué relevancia tiene en la vida actual. Lo importante es que esa persona (esa encarnación distinta de la misma alma, en otro tiempo y en otro lugar) vivió algo concreto que nos da pistas de un problema actual y de su posible solución. ¿No es fantástico? Hermanos que se llevan mal actualmente porque fueron soldados enemigos en el siglo XVIII, personas obsesionadas con la belleza física porque su juventud y hermosura les salvó de la muerte en el siglo XIII, gente callada, tímida y sumisa que fue esclavizada en la época del Imperio romano, personas con TOC (trastorno obsesivo compulsivo) de limpieza porque en el pasado contagiaron a su familia de una enfermedad que acabó con ellos… ¿sigo?

No pretendo convencer a nadie…

Solo muestro un pequeño botón de la ayuda que supone conocer el pasado para no repetirlo. Tener más consciencia nos permite evolucionar, comprender, crecer, sanar y ser más felices. ¿Imprescindible? No. ¿De gran ayuda? Sí.

Mis alumnos han aprendido a acceder a sus Archivos o a los de otras personas (animales, plantas, lugares, objetos) y solo con fe y práctica irán percibiendo cada vez con más claridad información canalizada de ayuda para sí mismos o para los demás. Pero aparte de esta maravillosa herramienta, simplemente meditar y pedir comprensión, ayuda y soluciones permite al ser humano mejorar su presente. A ver si me explico mejor: no te alcanza el tiempo ni el dinero para tener un entrenador personal ni para ir a un gimnasio, ok, pero sí puedes hacer una tabla de ejercicios en tu casa. Si lo dudas, por favor, ponte a ver la película Rocky (al menos la primera o la segunda). No puedes permitirte ir a un nutricionista, lo comprendo, pero si escuchas a tu cuerpo pronto reconocerás qué alimentos te sientan bien y cuáles mal, cuándo digieres mejor o peor y porqué. No tienes acceso a un coach, ¿correcto? Pero tú tienes un alma muy sabia, no lo olvides, pregúntale a tu alma, habla contigo, lee, estudia, escribe, hazte preguntas y dite la verdad: tú llevas dentro a tu propio maestro interior. No podemos echar balones fuera. nuestra vida no es responsabilidad del otro. Somos humanos adultos y relativamente conscientes, dejemos de depender de que alguien nos resuelva los problemas.
En síntesis: si algo te atrae mucho es por algo, si algo te repugna mucho también es por algo.

No es imprescindible viajar a la India o visitar a un gurú para resolver la mayoría de nuestros problemas. Por favor, dejar de entregar vuestras decisiones, salud, inversiones o relaciones a otro. Cada uno es responsable de su propia vida, actitudes y comportamientos.

Y sí, por si te lo preguntas, yo ya hice este trabajo en algunas de mis vidas anteriores: ayudar a los demás a llevar mejor su vida, ayudarles a creer en sí mismos y en sus propias capacidades espirituales. Y no, el maestro es solo un utensilio para tu avance, muerto el maestro el discípulo sigue avanzando.

¡PRESENTE, SEÑOR!

¡PRESENTE, SEÑOR!

La necesidad de estar presente es ahora más evidente que nunca. Los tiempos que atravesamos exigen una mayor consciencia en esta batalla perpetua entre la luz y la oscuridad. ¿Por qué? Mira a tu alrededor, ¿cómo están las cosas? ¿Cómo está tu familia? ¿La gente que te rodea? ¿Y cómo están los países que rodean el tuyo? ¿Y los más lejanos? Se habla de crisis de valores, de falta de consciencia y de la necesidad de “despertar”, pero ¿qué rayos significa esto? Sencillamente, significa estar presente. La consciencia no es otra cosa que estar en el aquí y en el ahora con toda la intensidad y la atención posible. Esta disposición interior terminaría con las depresiones, los miedos y, por extensión, con las guerras internas y externas.

 Imagen de StockSnap en Pixabay 

¿Cómo podemos hacerlo?

Es simple, pero no sencillo. Se trata de respirar y estar atentos a la respiración y a sus efectos en nosotros. Consiste en mirar y en ver lo que realmente uno está mirando, no las veinte cosas que acuden a nuestra cabeza. Te pido que centres tu atención en este momento. Sí, sé que te lo he pedido muchas veces, en los vídeos y en otros artículos, pero si lo hicieras ya no tendrías que buscar fuera de ti lo que ya sabes hacer, así que… continúa. Hazlo de nuevo. Pon tu atención en tu respiración, ¿qué piensas y qué sientes? ¿Qué pensamientos, emociones o sensaciones aparecen? Este ejercicio es el principio de la consciencia.

No hay que ir al monte a meditar, no es necesario viajar lejos para conocer al gurú de moda, esto es inútil si no prestas atención a lo que te rodea, ¿lo haces? Ese es tu viaje y tú eres tu gurú, tu maestro. Los demás solo apuntamos con el dedo la dirección en la que puedes empezar a caminar, solo eso. Pero la consciencia no está en el maestro, en el método, en el libro ni en la naturaleza, sino en ti. ¿Dónde la ubicamos? Se puede creer que la consciencia está en la cabeza, pero yo no lo creo. Ahí están las ideas y los pensamientos, los prejuicios y los temores, las estrategias y las metas, pero la consciencia atañe a todo el cuerpo. ¿Tienes cuerpo? ¿Y estás vivo/a? Ole, ya tienes la mitad, pues no puedes ser consciente sin estar vivo o viva, así que ya tienes la base: vives. No se requieren estudios ni investigaciones para estar consciente, solo atención, y la atención es una capacidad a desarrollar no un título universitario ni una conquista tediosa. Al contrario, se logra fácilmente poniendo la mirada (literal y figuradamente), el oído, el olfato, el gusto y el tacto en aquello en lo que estás. ¿Estás trabajando? Da el 100%. ¿Estás cocinando? Pon toda tu atención. ¿Vas a ducharte? Haz de un gesto cotidiano un momento sublime. ¿Quieres hacer el amor? Perfecto, y, ¿en qué estás pensando? Si no centras tu atención estarás cocinando en el trabajo, duchándote cuando estás en la cama y haciendo el amor cuando cocinas o te duchas, es decir, totalmente descentrado/a, totalmente inconsciente, ¿y quieres avanzar en tu espiritualidad?

¿Qué cuerpo tienes y cómo te tratas? Ayunar puede ayudar a tu concentración pero pasar hambre elimina tu capacidad de pensar en otra cosa que no sea comida, ¿ves los extremos? La consciencia es un modo de equilibrio. Puede que tardes muchos años en lograr un equilibrio aceptable y sano entre tus objetivos mentales y tu capacidad física, o entre amar a los otros y amarte a ti, pero si no empiezas ahora nunca lo lograrás, por tanto: respira y obsérvate mientras lo haces. Cuando estás presente en lo que haces cometes menos errores, disfrutas más y no hay lugar para el miedo, la rabia o el drama, solo para lo que es, en su justa medida, porque no cabe nada más. ¿Lo has probado alguna vez? Estás tan inmerso/a en algo que ¡nada puede distraerte! Esto es una virtud, no un defecto, pero en esta sociedad de la prisa y el rendimiento se ha sustituido la entrega y la concentración por las cifras y los números, por el “más” olvidando el “mejor”, y el ser humano traduce que si hace más y más rápido llegará antes a su propósito, cuando sucede más bien lo contrario. La prisa mata, lo sabemos, pero el peso personal y social nos empuja a seguir corriendo sin saber hacia dónde, como un pollo sin cabeza. ¿Eres eso, un pollo sin cabeza? ¿Eres un ser orientado al rendimiento, la acción, la cantidad o la prisa? Tal vez por eso triunfan las estrategias del tipo “hágase rico en 7 días”. Y digo yo, si funcionara, todo el mundo sería rico, estaría sano y sería feliz, pero no es así. ¿Por qué crees que hay un tipo de venta que se llama “venta por impulso”? Porque se logra la venta ofreciendo ventajas fantásticas en muy poco tiempo y por un plazo muy limitado, y, claro, ¡tienes que decidir sin pensar! Ahí tienes el truco: sin pensar, sin reflexionar, sin valorar nada. ¿Acaso no tienes cientos de cosas que no utilizas, que no te sirven, pero que eran muy baratas o que eran únicas? Pues la vida también nos ofrece esa cosas de “rebajas”, esas gangas y ofertas que hay que tomar ahora o nunca y que no nos permiten pararnos a sentir, a discernir, es decir, a tomar consciencia de si lo necesitamos, de si realmente nos aportará felicidad o de si solo aumentará los problemas. ¿Me explico?

No hay prisa, y lo digo yo, que vivo acelerada, por eso lo digo por experiencia. No hay prisa, solo consciencia, que es estar presente. Entonces todo se intensifica. Haz la prueba. Regálate diez minutos, basta con diez, para ti, a solas y sin interrupciones, y quédate contigo esos minutos. Si nada te interrumpe y te centras solo en ti ¡verás lo que ocurre! No haré spoiler (no adelantaré nada), prueba, no tienes nada que perder. Si necesitas saber algo, date diez minutos. Si no sabes qué hacer, regálate diez minutos. Si no puedes más, si no entiendes nada, haz esta prueba. Eso sí, no hagas trampas: no vale mirar el teléfono móvil ni escuchar música. Solo vale quedarte en silencio y sentir lo que haya, lo que venga. Eso es estar presente. No admito reclamaciones, yo no sé lo que va a pasar, es un juego, una prueba. ¿Qué es lo peor que puede ocurrir?

Estar presente va mucho más allá de las ideas. La mente se siente privilegiada porque durante milenios el más listo del clan ha sido valorado porque encontraba soluciones a los problemas. Esto tiene su lugar y su momento, pero la mente debe ponerse al servicio del alma en este ejercicio. No hay que pararla ni negarla, solo permitirle hacer su trabajo, pero que lo haga después, más tarde, solo para poner palabras a lo ocurrido durante estos diez minutos de presencia. El cuerpo tiene sus limitaciones. Claro que puede haber dolores, molestias, incomodidad, cosas que no funcionan… pero si pones consciencia te darás cuenta de qué te ocurre y, tal vez, de cómo se ha originado o de cómo eliminar el problema. Solo la consciencia permite saber lo que realmente pasa, lejos de la trampa del intelecto y de las necesidades y limitaciones del cuerpo, la biología. Puede que afloren emociones, que si aparecen es porque estaban, seguramente escondidas bajo el estrés, la exigencia y la prisa. Puede que una falsa espiritualidad, más orientada a la huida que a la presencia, estuviera tapando lo que realmente sientes. Puede que el dolor del cuerpo, la exigencia, los demás (jefe, pareja, hijos, amigos) demanden tanto de ti que, en un buenismo que confundes con amor, estés más fuera que dentro, más en ellos que en ti, seguramente más por ego y por necesidad de reconocimiento que por amor verdadero. ¿Lo has pensado? Puede que sí. ¿Sabes salir de ello? ¿Quieres salir de ello? Puede que aún te compense y por eso persiste. Yo no te digo lo que tienes que hacer, solo quiero que te des cuenta de lo que haces, de lo que quieres hacer y de lo que realmente estás haciendo, ya que normalmente estos tres deseos no coinciden.

Que igual me estoy liando, eh, que tal vez no me explico. Lo que quería decirte cuando empecé a escribir esto es que todos los días recibo mails, comentarios y mensajes de personas que me piden que les ayude a ser más espirituales, que viaje a su región, que escriba más libros y que sortee cursos, pero su espiritualidad y su evolución personal no pueden depender de mi trabajo ni del de tantas personas que hacen algo semejante: tú no puedes depender de otro. Tu crecimiento personal y tu evolución como alma solo dependen de ti, nada la impide y nada la garantiza. Algunas personas como yo ayudamos, puede ser cierto, pero solo apuntamos un camino que has de tomar voluntaria y libremente, o será una imposición, una chantaje o una venta por impulso. Eres libre, yo solo escribo lo que me funciona, lo que me ha servido, y lo que más me ayuda es respirar centrándome en ese simple pero complejo acto involuntario. Lo hago voluntario, consciente, como peinarme, como hacer la cama, como desayunar, como amar. Consciente, pleno, sentido, percibido con todos mis sentidos, los del cuerpo y los sentidos internos. Esto es estar presente y vivir en plenitud, aunque se trate de barrer la casa y fregar los platos. Estar presente es mirarlo todo como se mira al amante, respirar como si fuera el último día, saborear el instante apreciando que no va a volver, que es el último, porque así es.

Imagen de Stefan Keller en Pixabay 

Este es el paso de avance que te propongo hoy. Esta es la espiritualidad que quiero para mí, para la gente que amo y para los que seguís mi trabajo: una espiritualidad real, íntegra, total, que nos lleve a vivir conectados a la luz que somos en cada instante. ¿Te unes? Cada vez somos más. Mira por la ventana e intuirás el brillo de millones de personas maravillosas que quieren sacar lo mejor de sí mismas. Brillar está de moda, pero solo se logra en el instante presente.

PAZ INTERIOR

PAZ INTERIOR

COMO AUMENTAR TU PAZ INTERIOR

Para empezar te diré que yo no tengo ni idea pues soy, por naturaleza, una persona inquieta e impaciente y mentalmente activa. Sin embargo, la humildad para pedir ayuda a otros que saben más, sí la tengo. No me refiero solo a expertos en la materia, maestros o amigos que dominan este asunto, sino que también aprovecho toda la ayuda que el mundo espiritual nos ofrece y por eso les he pedido a mis maestros que nos ayuden con este objetivo.

Pero, ¿es posible tener paz interior?

He visto muchísimas personas en mi vida que parecen estar en un estado de calma profunda casi siempre. Incluso las situaciones graves parecen alterarles bastante poco. Tengo la teoría de que si una persona puede hacerlo, otra persona distinta también puede, tardé más o menos, lo haga mejor o peor, pero puede hacerlo. Animada por este pensamiento he decidido observar y copiar cómo lo hacen.

En primer lugar han eliminado de su mente la idea de un mundo perfecto. Parece que saben que este mundo puede mejorar pero que será una mejoría paulatina, sutil y, desde luego, muy lenta. Admitiendo esto contemplan cada acontecimiento como una forma natural y “normal” de cómo transcurre la vida. Es decir, lo ven todo como si fuera correcto, o, al menos, como si estuviera bien.

En segundo lugar, cuando ocurre algo doloroso o dramático se enfocan en la solución o en la salida, es decir, miran cómo van a resolverlo o, como mínimo, cómo sobrellevarlo sin perder la cabeza. No se quedan en el sufrimiento o en la rabia y la culpa, que es lo que nos suele mantener adheridos a los duelos de una forma crónica. Estas personas dice “vale, ha pasado esto, ¿cómo lo supero?”. Y desde luego no se toman nada como algo personal. Pensar que las personas actúan para hacerte daño o porque quieren algo de ti es una idea dañina y normalmente equivocada. El ego te hace creer que eres el centro de la vida de otro o el foco de atención de una empresa, una institución, del gobierno o incluso de los dioses. Esto es ego. Ni tú eres tan importante ni el mundo gira en torno a ti, y las personas que gozan de paz interior lo saben.

Otra cosa que hacen bien es que desdramatizan. Parecen recordad que ya han atravesado otras crisis y que las han superado. Saben que en el universo hay ciclos para todo y asumen que nada es permanente, de modo que no se aferran a las personas, a las ideas y mucho menos a las cosas materiales.

Todos ellos tienen algún ritual personal que les lleva a un estado de paz y calma que, cuanto más lo practican, más se fortalece hasta llegará a ser una segunda naturaleza. Es decir, que saben que las personas podemos cambiar.

Estas son algunas de las actitudes y comportamientos que he observado en la gente que tiene calma y equilibrio en su interior, pero, ¿qué más pueden decirnos los seres espirituales? Y me dijeron esto:

“Sé inteligente y mide los efectos del nerviosismo y la impaciencia en ti, ¿qué le hace a tu cuerpo? ¿Qué pensamientos te genera? ¿Qué comportamientos favorece? No parece que las prisas te hagan sentirte mejor. Cuando estás en la prisa ni estás en ti, y por la tanto, tampoco puedes estar con nosotros. Cuando estás viviendo desde la urgencia o desde la idea de un mundo perfecto, que es imposible, vivirás la frustración constante de darte con la cabeza en un muro, y la soluciones bien sencilla: aparta la mente y ve al corazón. Ahí reside la energía necesaria que te permite ser paciente, comprender sin juzgar, amar sin exigir y disfrutar sin culpabilidad. Es en tu interior donde siempre estuvo la paz, pero tú sueles ir a tu cabeza, donde solo hay barullo y ego. La mente tiene su misión, pero el remanso de paz de tu corazón está dentro del cuerpo, dentro del pecho, y si conectas con ese lugar todo se vuelve ordenado y sencillo, sin exigencias ni dolor. Esta es la manera de vivir que te sugerimos para que mejoren tu salud, tus pensamientos, tus relaciones y tu a prosperidad material. Nada importa salvo el corazón”.

Creo que tenemos muchos más recursos de los que consideramos y utilizamos. Todos conocemos a alguien que es feliz y vive en paz. Si estás leyendo esto seguramente ya has leído sobre este mismo tema docenas de veces, tal vez más. Creo que intuyes cuál es el camino para vivir en paz. Si es así, ¿qué te impide estar en paz? Creo que nos falta práctica. Nos falta ponernos manos a la obra. Carecemos de la voluntad de movernos hacia el objetivo deseado y nos pasamos la semana buscando soluciones fuera cuando, tal vez, ya tengamos todo lo que necesitamos para ser felices, completo y acercarnos a la iluminación. ¿Y si fuera verdad que solo tienes que respirar y centrarte en eso? ¿Te imaginas que bastara estar centrado en lo que haces, y eso fuera la verdadera paz? ¿Y si pruebas?

Yo lo haré ahora mismo. Tengo un postre que compré esta mañana. Me está esperando. Estoy disfrutando solo al pensar que lleva horas en mi casa y que el chocolate se huele desde aquí. No exagero, es que mi casa es muy pequeña y puedo oler el postre desde el sofá. Pero vamos más allá. Me acercaré a por el postre, ¡caray, las calorías! Oh, vaya, ¿voy a dejar que la exigencia estética me fastidien este instante? No, me prometo hacer más ejercicio mañana, conscientemente claro, sufriendo y sudando, pero con gusto, y solo pensar esto ya siento paz. Me acerco a la cocina. Miro el paquetito que contiene mi postre, ¡jope, qué pinta! Es comida basura, que es un día al mes, o cada dos meses, viva el chocolate. Así que me preparo un platito antiguo que tengo, mis cubiertos favoritos, y le doy un calentón al postre ¿por qué no? Que se derrita. Espero pacientemente los 15 segundos que funden el chocolate de mi postre y, ¡vaya, se me hace la boca agua! No puedo pensar en otra cosa, ¡qué capacidad de concentración tenemos cuando queremos, pardiez! Si me llaman ni oigo. Abro el microondas, saco lentamente mi postre, como si fuera una ofrenda. Lo llevo parsimoniosamente al salón. Subo la música, me acomodo en el sofá con mi manta de cuadros y me preparo para meter la cuchara. ¿Poco o mucho? Dudo. ¿Cómo sabrá mejor? ¿Una pequeña cantidad o llenarme la boca con una gran porción? Me decanto por un pequeño bocado, y escucho atentamente el suave sonido que me anticipa el deleite. Finalmente, lo pruebo. Mentalmente digo unas cuántas palabras malsonantes que evito escribir y que dan fe de la calidad de mi capricho y de su maravillosa textura. ¡Qué gozo! ¡Qué alegría! ¡Me aporta paz, sí! Pero observo críticamente que no se trata del sabor ni de su cuidado aspecto, sino de la libertad y placer que acompañan este ritual. Así que la paz, ahora lo comprendo, no estaba en el chocolate, como no lo está fuera nunca. Ni en los sueños logrados, ni en los demás, ni siquiera en Dios. La paz, inequívocamente, estaba en mí. Cuando me centré completamente en el disfrute de este gesto tal vez poco saludable pero sumamente placentero, me permití estar en el momento presente, así que es evidente que ¡se puede! Solo hay que intentarlo. Si mi momento de paz no depende de algo tan tonto como un trozo de pastel, ¿podría repetir este ritual con otras cosas? Si le dedicara la misma atención a otros aspectos de mi vida, ¿cómo me iría? Limpiar la casa, hacer la cama, ir a trabajar, contestar por teléfono… ¿Podrían darme paz los sucesos cotidianos? Si realmente es mi actitud la que me aportó sosiego, ¿podría vivir con tranquilidad otros momentos del día? Sentí que sí.

Tal vez tenemos la idea de que la paz profunda y mantenida es cosa de sabios veganos célibes y rapados que tienen voto de silencio, y no de gente como tú y como yo. Pero no puede ser que vivir con sosiego esta vida esté reservado a cuatro iluminados. Al contrario, si ellos pueden, nosotros podemos. Es un de mis mantras, uno de mis principios básicos. Así que, el pastel (que, por cierto, me lo he comido sin dejar ni una miga) me ayudó a darme cuenta que la paz no puede estar fuera, sino dentro de nuestra mente, que ve la experiencia como algo positivo y que se entrega a ella con toda el alma. Supongo que no hay paz sin alma. Si esto es así, siempre que ponga el alma en algo tendré paz. Probemos.

Tengo que trabajar. Trabajaré con toda el alma. Conscientemente respiraré, sentiré cada palabra, cada encuentro.

Mañana me toca limpieza a fondo, qué rollo. Pero pondré toda mi atención. En cada centímetro de suelo, en cada azulejo, llenado de luz y de consciencia cada rincón de la casa. Ah, y también he de ordenar un armario, que tengo ropa de la época de la Grecia clásica. Toca revisar, tal vez reciclar, regalar. ¡Qué hermosos tejidos! ¡Qué maravilla poder donar algo que no me pongo, pero que me sentaba bien y me hacía feliz! Ahora podrá disfrutarlo otra persona, y pensar eso dibuja una sonrisa en mi cara. Así que, ¿esto era la paz? Poner consciencia en cada acto, en cada palabra, en cada gesto. ¡Qué alegría! Practicaré toda esta semana. ¿Y tú? ¿Vas a esperar a que un gurú del éxito te diga qué hacer con tu vida? Como dice la canción “quizás bastaba respirar, solo respirar, muy lento…” La respiración pausada, consciente, me acerca a mi propio corazón, al lugar recomendado por los maestros para estar en luz. Ahí, donde reside la luz, donde solo hay amor y conocimiento. Ahí donde ya no hacen falta de fuera. Yo he probado. Ahora tú, deja de leer y aplícate. Ahora tú, prueba. Respira y siente la luz que te habita, a pesar del caos exterior puede haber calma en ti. Y ahora, que la paz sea siempre contigo. Y si no te funciona, siempre quedará el chocolate, como dice Axel.

SEXUALIDAD Y ESPIRITUALIDAD

SEXUALIDAD Y ESPIRITUALIDAD

¿Qué es la sexualidad?

Muchas personas me preguntan sobre el sexo en relación a la espiritualidad. Me consultan si hay problema en practicar sexo, si dificulta la canalización, si se pueden tener relaciones sexuales y ser espiritual… Mi respuesta es: ¿qué es para ti el sexo?

Volveré a recordar mis estudios de Sexología para explicar de nuevo que se habla de sexo cuando se hace alusión a la biología, es decir, al cuerpo, que está sexuado en femenino o en masculino. Las especies sexuadas tienen individuos machos o hembras, y se necesitan ambos para procrear.

Imagen de Christine Sponchia

La sexualidad se refiere a la orientación o la preferencia, a lo que nos atrae: la heterosexualidad o la homosexualidad, es decir, si nos atraen sexualmente las personas del otro sexo o las de nuestro mismo sexo. Y la erótica es la expresión real de nuestros deseos, o dicho de otro modo, lo que vivimos y cómo expresamos nuestro deseo y nuestras preferencias.

Dicho esto, me pregunto, ¿por qué ser hombre o mujer sería contrario a ser espiritual? Segundo, ¿por qué sentirse atraídos por hombres o por mujeres sería negativo o anti-espiritual? Y tercero, ¿por qué vivir y expresar nuestros deseos sexuales, siempre con el consentimiento del otro y siempre entre adultos, podría ser algo alejado o contrario a ser espiritual?

En muchas culturas antiguas la práctica sexual era una forma de conectar con la naturaleza e incluso con Dios, pero ¿dónde se perdió el disfrute de lo sexual como acceso a la experiencia del alma? Tal vez la cultura judeocristiana o el pensamiento de Platón, que hace tanta diferencia entre cuerpo y alma, sean los principales responsables de que muchos aún vean estas dos realidades como aspectos opuestos e irreconciliables. Sin embargo, creo firmemente que, si somos energía que habita un cuerpo, ¿cómo podría ser nuestro cuerpo algo negativo? Nuestro vehículo en la Tierra, el cuerpo físico, tiene necesidades básicas, pero lo necesitamos para nuestra evolución y misión espiritual, así que, de nuevo, ¿cómo puede haber algo negativo, sucio u oscuro en el vehículo corporal que nos permite cumplir nuestra misión más excelsa?

Por otra parte, si realmente tenemos chakras o vórtices energéticos que permiten el paso de la energía y nutren nuestros diferentes cuerpos (físico, etérico, emocional, mental, etc.), ¿puede ser un chakra más importante que otro? ¿Podría haber algún chakra inadecuado, incorrecto o mejorable? Si la energía que nos atraviesa requiere que todos nuestros vórtices estén más o menos equilibrados y limpios, ¿sería correcto cuidar los chakras superiores y obviar las necesidades de los primeros?

Por estas razones entre otras muchas, defiendo el cuerpo en toda su dimensión, en todas sus zonas y órganos, incluidos por supuesto los genitales. Y aparte de la salud física de nuestros órganos sexuales creo que deberíamos conocer sus funciones, sus particularidades y su potencialidad, pues es mucha y también sirve a la luz y al alma. El problema principal de los genitales es doble. Por un lado, están junto a la vejiga y al ano, por lo que, de nuevo, se relacionan con lo sucio, lo oculto, lo maloliente, … lo que rechazamos. Por otro lado, los genitales son los responsables de la reproducción, con todo lo que conlleva. Por estos motivos, lo más sencillo fue que convencer a la humanidad de que se olvidara de “lo de ahí abajo”, prohibiendo mirarlo (incluyo la pintura y la escultura) o tocarlo (bajo duros castigos físicos). Solo es un breve resumen, pero es fácil imaginar cómo la humanidad, en líneas generales, rechaza el conocimiento, la atención y el disfrute de sus órganos sexuales.

La sexualidad no está ahí abajo, lo repito, entre las piernas solo está el sexo biológico. La sexualidad como expresión de uno mismo está en todo el cuerpo y nace del cerebro y/o del corazón. El impulso que nace del cuerpo exclusivamente podríamos llamarlo deseo, apetito sexual, hambre, ganas… Pero se trataría de una descarga física, a solas o con otra persona, que no solo no eleva el alma, sino que puede perjudicarle. Puede que esta realidad haya impedido que sepamos más sobre nuestro propio deseo, sobre por qué deseamos sexualmente a este o a otro, o sobre qué buscamos y qué ofrecemos en nuestros intercambios sexuales. ¿Me explico?

Sobre el deseo, he de explicar algo que estudié hace muchos años. El deseo puede dividirse en tres áreas o necesidades: la descarga física, sentirse deseado/a y la comunicación con el otro. ¿De qué está hecho tu deseo? Supongo que cuando somos más jóvenes tenemos más necesidades propias y menos necesidad de relación, y con la madurez, creo que ocurre lo contrario. Por tanto, ¿qué hay de negativo en el deseo de comunicarse a niveles profundos con otra persona? ¿Cómo puede ser sucia o rechazable una forma de comunicación humana tan corporal? Si en la relación sexual podemos comunicar nuestro amor a otra persona, ¿cómo podría esta exquisita experiencia ir contra el alma o disgustar a nuestro Creador?

No conozco ejercicios taoístas ni practico el sexo tántrico, pero sé por experiencia y por mi formación que cuando se pone amor en el contacto íntimo solo puede haber un aumento de amor, incluso aunque la experiencia a nivel físico sea bastante normalita. ¿Me sigues? La experiencia sexual con una persona que nos atrae o a la que amamos puede llevarnos a una conexión muy profunda con nosotros mismos y también con el otro. Pero, y esta es una gran noticia, el sexo con amor puede acercarnos al amor del Creador. En serio, no exagero. El sexo nos da consciencia siempre que estemos centrados en vivir la experiencia desde el corazón, no desde los genitales, pues no se hace el amor con el cuerpo sino con el alma. Por eso no hay nada erróneo en los diferentes tipos de deseo, no hay pecado ni tara en las distintas preferencias sexuales y no hay nada negativo en la práctica sexual respetuosa para uno mismo y para el de enfrente, pues, si nace del amor, cualquier gesto es sublime. Incluso en lo relacionado con lo que nos erotiza, a veces es más excitante una mirada o el roce casual de la persona deseada que el acto sexual en sí. Si lo dudas, prueba.

Imagen de StockSnap 

Insisto en la importancia de cuidar y respetar las necesidades del cuerpo, pero toda práctica corporal (dieta, ejercicio, yoga o sexo) pueden vivirse desde el yo profundo y no solo desde las necesidades de nuestro cuerpo o de nuestra mente. El sexo vivido desde el corazón nos acerca a nosotros mismos, al otro y a Dios, sí, lo digo una vez más. Nada malo, oscuro o sucio puede haber al respecto en una sexualidad consciente. Lo de que los genitales estén junto a la uretra o al ano es cuestión de diseño, pero con una higiene razonable, como sexóloga no le veo problema alguno. Nada feo hay en el cuerpo, todo es hermoso en él, como lo es en el alma.

SENTIR

SENTIR

El otro día me paré a sentir. Puede parecer que lo hago todos los días, pero no. Cada día me despierto con algún ruido cotidiano (en tu caso, tal vez sea el despertador) y mi piloto automático se dirige al cuarto de baño y después, irremediablemente, mirada al móvil y viaje a la cocina. Con los ojos entreabiertos y los pelos descompuestos preparo un ritualizado y aburridísimo desayuno y, sin saborearlo, me llevo mi té o lo que sea, aún sin terminar, a la habitación de los libros. Y así, sin pararme a sentir, enciendo el ordenador y espero que la fuerza me acompañe y guíe mi tarea. Cada mañana lo mismo, más o menos. ¿Te suena un poco? Entonces me di cuenta de que no estaba sintiendo la vida, solo sobrevivo, ¿y tú?

Hace unos días mi maestro me invitó a sentir, que ya ni recordaba cómo se hace. Algo tan natural en nosotros se ha perdido con el paso de los años y la mayoría de los que habitamos el planeta hemos optado, consciente o inconscientemente, por vivir con menos intensidad. Las obligaciones cotidianas, las responsabilidades, y por supuesto, el miedo al sufrimiento, nos han hecho respirar superficialmente, evitar mirar de frente las cosas y a las personas, y sentir solo lo justo. Este funcionamiento, que puede salvarnos de un gran sufrimiento en un momento dado, ha hecho que pasemos por la vida sin saber ni lo que llevamos puesto, ni quiénes somos ni lo que queremos. Desde aquí te propongo hoy que saques un rato para estar contigo, aunque sean diez minutos, ¡vas a flipar! (Nota: en español de España flipar significa coloquialmente “quedarse maravillado o admirado” y también “asombrado o extrañado”).

¿Cuál será el resultado? Experiméntalo tú, pero para que no te pille muy por sorpresa te anticipo que, si te permites sentir, vas a conectar con quién eres realmente y con grandes verdades sobre la vida que no podías ver por no sientes. ¿Cómo hay que hacerlo? Bueno, yo acabo de empezar, no sé muy bien qué decirte, pero lo esencial es querer. ¿Quieres? Tal vez notes un “nooooo” dentro de tu cabeza, porque el niño asustado que vive en tu interior no quiere experimentar mucho, no vaya a ser que pase algo malo. Fíjate que un niño sano siempre tiene deseo de subirse a los árboles y de tirarse por un terraplén, pero un niño herido se queda en un rincón y no quiere ni moverse. ¿Cuál de los dos tienes dentro? Pues aunque no tengas ganas, hazlo. Aunque temas el resultado, sentir no ha matado a nadie nunca, que yo sepa. Al contrario, cerrar los ojos y permitirse escuchar el propio cuerpo ha salvado más de una vida. Escuchar lo que uno es, desea o teme es la base del crecimiento personal. Atreverse a poner nombre a lo que uno experimenta le da poder y fuerza, y expresarlo, al menos a sí mismo, le hace más humano, y por tanto, más conectado a todo.

Yo no sabía ni por donde empezar, pero ¡me lancé! Respiré, cerré los ojos, y sentí, y ¡oh maravilla! Esto sí que es vida.

Imagen de Leohoho

SENTIR DA PERSPECTIVA

Cuando experimentas el ahora tienes una mejor visión del conjunto. Te percibes frente a todo, el tiempo se para y puedes atisbar lo que realmente está sucediendo. ¿Qué estás evitando? ¿Qué deseas que no sabes alcanzar? ¿Qué le pasa a tu cuerpo, abandonado en una esquina, al que, a veces, solo utilizas como animal de carga? ¿Y qué dice tu corazón? Tal vez has olvidado que lo tienes por miedo al dolor, a un nuevo desengaño, a una caída mil veces repetida. Sin embargo, si estás aquí, es que aún funcionan tu cuerpo, tu corazón, tu mente y por supuesto, tu espíritu. Pues bien, ¡dales alas pa volar! Deja que la respiración te conecte con tu verdadera esencia. Permite que el aire que entra en ti se lleve las viejas tristezas y deje todo limpio para uno nuevo paso. Respira borrando la idea del error y viendo cada acto y cada suceso como pasos necesarios para verte hoy así, tan francamente, tan desnuda/o frente a ti. Entonces anota en tu interior la ristra de emociones que tenías guardadas y que no podías ver bajo el polvo de los años. Mírate de frente y observa lo que ocurre en ti cuando sientes cada bocanada de aire. ¿Lo notas? Yo diría que brillas… Emites un fulgor indescriptible porque estás hecho/a de estrellas. Y entonces todo lo de afuera se coloca. Todo se ordena. Todo se calma. El estrés ya no es necesario. La ansiedad puede irse a dar un paseo. La tristeza no encuentra pupitre donde sentarse. Si haces esto, la vida, asombrada, te mira de modo desacostumbrado, cargada de pasión y de fuerza, haciendo que cada experiencia sea, ahora sí, real. Cada cosa que ocurra a partir de este instante tocará todas tus células, todas tus neuronas. La vida rozará todos los poros de tu piel y todo cobrará sentido. Se irán los temores y los miedos, se disolverán los traumas, volverán el juego y la risa, será algo así, como estar enamorado.

¿Imaginas? ¿Sentirte enamorado de cada instante, de cada tú que te habita, sin juicios ni urgencias? Pues tal vez la vida es eso: amarse como uno es, aceptar lo que siente y ponerle nombre, si quiere, y decirlo, si quiere, y vivirlo. Tal vez, solo consiste en respirar, en poner la mano en el corazón y en decirse: “sí, quiero”. Y vivir.

NO TEMAS

Cuando temes, ¿no notas tu corazón más pequeño? El pobre se encoge y se entristece, se vuelve gris, opaco (yo lo he visto), y no tiene ganas de sonreír. Entonces él intenta por todos los medios que tu alma y tu mente esté tristes y negativas, porque así se siente mejor. Algo en ti te hace recordar canciones melancólicas, hechos dolorosos, personas que ya no están, y podrías estar llorando una semana o dos. Pero si respiras en el corazón y le dices: “Yo te cuido, no va a pasarte nada malo, vamos a dar una vuelta y a lucir palmito”, verás que todos los colores multiplican su belleza, que los sonidos se amplifican, que las personas son hermosas o que cada pájaro y cada árbol pueden sentir tu presencia. Cuando sientes te conectas con todo el que siente (perdón por la redundancia). Hagamos un club de sintientes, que cada vez seremos más.

SENTIR INFORMA

A veces no sabes lo que pasa dentro de ti. Te duele algo o tienes una molestia y no sabes la causa. O estás triste y desconoces el porqué. O puede que tengas cólera, agotamiento, nostalgia… Pues la respuesta está dentro de ti. Esta frase tan manida (tan de Facebook) la has oído cientos de veces, pero, realmente ¿buscas en tu interior? Creo que si sientes tu cuerpo encontrarás algo de información de lo que te ocurre. Creo, de verdad, que si te paras a sentir lo que te pasa descubrirás la raíz del problema. Y creo también que si sientes sin expectativas puedes conectar con toda la información del universo. Es una opinión, pero ¿no te apetece probar?

EN EL AMOR

Tal vez amar no era más que sentir. Cuando miramos desde lo profundo todo puede ser bello y todo tiene un sentido. Seguramente amar solo era eso: mirar completamente, con intensidad, entregándose al acto de mirar. Esa actitud es la base del amor y también de la pasión, pues no ama quien no se apasiona. Si te permites experimentar sin red los acontecimientos cotidianos; si eliminas las barreras que al sentimiento la mente le pone; si te lanzas a descubrir la gran capacidad que tienes para vivir intensamente cada instante, podrás comprobar que eres una fuerza imparable vestida de persona y que habitas en este universo para tu expansión y la de todo lo que existe. Así que, guárdate el miedo en un bolsillo (o mejor aún, tíralo a la basura, contenedor marrón) y disfruta de ser tú en este momento y en este lugar. Que todo lo que eres se conecte con el amor que ha creado esto, aunque no lo entiendas. Que tu alma habite por entero cada célula de tu cuerpo y pongas en corazón en todo lo que haces, y si no, mejor no lo hagas. Que te entregues al dulce vaivén de la vida, que te arriesgues, que ya sé que la vida mancha, pero ¿quién dijo miedo?

VIVIR CANSA, PERO MOLA

Hace unos meses vi la obra de teatro Matar cansa. El protagonista describe algunos de los crímenes y de los hechos más relevantes de la vida de un asesino en serie al que admira con veneración. Pues bien, además de un texto impecable y una interpretación magnífica por parte del actor Jaime Lorente (Denver en la serie La casa de papel), la obra es un ejemplo de pasión. Salí del teatro como en trance, con infinito placer por haber entendido un modo de pensar y de sentir distinto al mío. Sin juicios, admirando la pasión del protagonista hacia otra persona y sus actos, por más que estos sean condenables. ¿Qué sucedió? Simplemente, que la obra me ayudó a sentir cada palabra del texto dramático, cada gesto, y por supuesto, que me permití sentir lo que todo eso que pasaba fuera provocaba en mi interior. ¿Qué hay de malo en sentir? Para eso está hecha la vida, y en nuestra existencia, no podemos experimentar esta dimensión sin ocupar completamente el cuerpo, sin utilizar la cabeza para elaborar procesos intelectuales y sin sentir en el corazón cómo nos afecta, ya que todo lo que nos rodea nos toca mostrándonos lo que somos. Pues bien, tras la obra, estaba yo casi tan exhausta como supongo que lo estaría quien interpretó del monólogo, ¿podría ser? En el camino a casa comprendí que sentir cansa. Que vivir apasionadamente cada segundo con plena consciencia nos va a dar tantas agujetas como la primera semana de gimnasio, y que en ese punto cada uno debe decidir si seguir viviendo o dejarlo. A mí, a veces, aún me duele el pecho al respirar, los ojos al mirar inquisitivamente las cosas, y, por supuesto, el corazón físico al permitirme emocionarme. Pero, ¿qué he de hacer? ¿Seguir trabajando, comer rápido, ir a la compra apresuradamente, hacer la cena y dormir? ¿O respirar con los ojos cerrados y observar si lo que estoy haciendo es coherente conmigo y ayuda a los demás? Pues bien, a pesar de las agujetas, a pesar del dolor de cuerpo que uno tiene cuando experimenta la vida, yo voy a seguir sintiendo. Al igual que cuando uno hace al amor, que si lo hace bien se cansa, pues yo elijo sentir. Como he escrito en otros lugares, espero que al final de mi vida, cuando me vea de nuevo con el Creador y Él me pregunte qué tal fue mi viaje, yo le diga sonriendo: “Huaaaaaaala, papá, qué experiencia”. Entonces me sentaré en sus rodillas, me acunará dulcemente y me peinará un poco con la mano, mientras yo sonrío sin poder parar y le cuento que… he vivido… a tope.

Imagen de cocoparisienne

SEMANA SANTA, TIEMPO DE REFLEXIÓN

SEMANA SANTA, TIEMPO DE REFLEXIÓN

La religión católica vive ahora unos días cruciales que rememoran las últimas semanas de Jesús de Nazaret en la Tierra. Dejando de lado si los que cuentan los cuatro Evangelios es más o menos exacto, el fondo es lo que importa. Más allá de las creencias y costumbres, más allá de las normas, ¿qué es para ti esta semana? A veces solo son cuatro días de vacaciones, aunque en tiempos de pandemia y limitaciones las vacaciones no sean más que ir al bar de la esquina con tres amigos. Otras veces es un tiempo de reflexión, de ritos antiguos y de costumbres repetidas cuyo origen desconocemos. Pero, ¿se queda solo en eso? ¿Y si aprovechas este recordatorio de la muerte de un hombre para sacar de ti todo lo que te estorba? Si la muerte no es más que un paso, seguramente puedas examinar hacia dónde caminas. No sé si te diriges a la felicidad o vas justo en sentido contrario. Ignoro si estás dispuesto/a a morir a todo lo que ya no sirve, lo que es inútil y tóxico… Si la muerte es un cambio de lugar, o de estado, o de mirada, ¿podríamos “matar” todo lo que carece de sentido y enterrarlo para siempre? Es buen momento, es Semana Santa, y también es primavera, al menos en los grandes almacenes.

Pues yo, que presumo de valiente, he tomado mi bolígrafo de plumas verdes y he hecho mi lista de todo lo que no quiero en mí o en mi vida. No te preocupes, no voy a ponerla aquí, ja, ja, ja. La he hecho, la miro, y mentalmente me veo en un camposanto enterrando todo esto que ya no quiero. No quiero en mí esta exigencia desproporcionada que me amarga la existencia y me hace peor persona. Hala, al hoyo. Me desprendo de los nombres con los que etiqueto, y por tanto califico, las cosas, los sucesos y hasta las personas. Pues al hoyo con eso. La prisa, ¡uy, la prisa! Qué bien me iría si pudiera enterrarla para siempre, distinguiendo responsabilidad o puntualidad de urgencia y premura… Parece que tendré que hacer el agujero más grande, ja, ja, ja, hay mucho que enterrar.

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¿Qué partes de mí han sido maltratadas o insultadas? Y ¿quién lo ha hecho? Tal vez te tratas mal, muy mal, o puede que permitas que otros lo hagan. Es momento de revisar porqué y para qué te sometes a esta crucifixión. ¿Puedes ver la razón por la que te torturas o por la que dejas que otro lo haga? ¿Qué ganas con ello? El sufrimiento gratuito es innecesario. Puedes eliminarlo de tu vida ahora mismo. Sé que cuesta, pero tal vez, en estos días de Semana Santa puedas aprovechar para darte cuenta de cuánto dolor alimentas y de la razón por la que lo haces. Si te das cuenta de esto te será relativamente sencillo dejar de sufrir.

Sufres por cosas que no puedes cambiar, por un pasado que no va a volver o porque te culpas de los errores cometidos. Lloras por un deseo no cumplido, por los sueños que se han quebrado en los últimos meses o en los últimos años, y eso te impide ver la belleza del presente. El sufrimiento elegido que nutres cada día te impide vivir y hace que la felicidad no te encuentre, porque estás llorando mirando al suelo. Así que, sé inteligente, sé interesado/a, hazlo por ti: deja de sufrir. Durante estos días no solo recordamos el sufrimiento de un hombre en la cruz, sino que es el momento adecuado para desterrar lo que no sirve, enterrar lo que ha muerto, renovar lo positivo, y desde luego, es el momento perfecto para tomar fuerza.

Tras la noche viene el alba, y toda esa luz ilumina tu presente. Imagina que la luz del amanecer llena de suave luminosidad tu cuerpo físico. Mira bajo su halo el correcto funcionamiento de tu organismo. Agradécelo. La luz del amanecer, tras la noche oscura, ilumina también tu cuerpo emocional y te muestra lo que sientes. Evita juzgarte y dite: “Esto es lo que siento, y está bien”. Disfruta la capacidad de emocionarte que tienes solo por el hecho de ser un ser humano. Conecta con tu corazón y observa sin pautas ni normas las emociones o los sentimientos que te ocupan. Ámalos tal y como son, y verás que tu cuerpo emocional se siente comprendido, aceptado, y entonces puede brillar más. Ahora le toca a tu parte mental. Tus ideas y pensamientos te han permitido, mejor o peor, llegar al momento presente, pero algunas ideas están limitando tu vida. Deshazte del pensamiento limitante, triste, juzgador… No hagas caso a los pensamientos que te frustran, que te traen dolor y malestar. Deshazte de la culpa, del rencor, de la soberbia, de la ambición material, … Cuando el capricho muestra tu necesidad de amor y de reconocimiento ya no hace falta obtener el objeto de deseo que realmente ocultaba la verdad: quieres amor.

Deja que la brisa de la primera hora limpie los bosques y los montes, permite que se lleve lo que te hiere y te mantiene metido en los problemas, a veces inexistentes. Ábrete ahora a la vida en el instante presente. Pasada la tortura y la muerte de todos estos años, llega el momento de la resurrección. Toca renovar y recolocar quién eres, lo que quieres y lo que no, lo que crees y lo que no crees. No le des vueltas. Lo lees mil veces, lo sabes, pero ¿lo haces? Pues ya está bien. En estos días recordamos la muerte de un maestro por sus ideas y su comportamiento, contrario a la norma y al poder político de su momento, pero también creemos que resucitó, o revivió, o no murió o lo que sea que pasara. Lo importante es que al igual que una semilla se abre y cambia su forma para dar lugar a una nueva planta, tú puedes enterrar lo que ya no quieres en tu vida y resucitar aspectos que están deseando salir al aire libre.

No lo pienses más. Ahora es el momento. Ya. Toma las riendas de tu vida y resucita toda la luz que eres. La alegría, la generosidad, la auto estima, la verdad y otros centenares de aspectos que te definen pero que no sabes ni cómo expresar piden salir a la luz. Tal vez la pandemia mundial haya servido para algo, tal vez una semana santa que apenas se puede celebrar haya hecho el resto. Yo hoy tendré la cena del amor, la del jueves santo. El viernes enterraré lo que me oprime y me asfixia. El día de la resurrección, con una nueva consciencia, viviré cada día como si fuera el último, cuidando de mí, mirando por ser una persona honesta y un corazón puro aquí en la Tierra. Estos días sirven para eso. Feliz Semana Santa.

Imagen de Gerd Altmann